domingo, 10 de octubre de 2010


BARRIO DE LAS LETRAS de MADRID… 
“Donde no queda sino batirse”

Textos y fotografías:  Juan José Pardo Mora
escribiendoconluz@yahoo.es     

Ricardo nos da la bienvenida al Hotel ME y nos acompaña al ascensor. 6º… y 7º… la puerta se desliza suavemente y accedemos a la Terraza The Penthouse, punto estratégico desde  donde observar la Plaza de Santa Ana, lugar amable, íntimo, de encuentro y discusión. Rodeando a ésta vemos extenderse, como abrazándola, el Barrio de las Letras de Madrid, también conocido como de las Musas o del Parnaso.

 

En cada uno de sus recodos la vida literaria, teatral y la sociedad del pensamiento latió con fuerza en el Siglo de Oro y en el Romanticismo. Barrio de Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Góngora…  donde revolucionaron la escena teatral el cartagenero Isidoro Máiquez, primer actor del Teatro del Príncipe y admirado por Goya; y el murciano Julián Romea, actor y director de ese mismo teatro, considerado una de las mayores glorias de la escena  nacional. Allá abajo, al otro lado de la plaza, iluminado intensamente por un sol de media tarde se yergue un teatro. 

Cuentan los libros que en 1567, pocos años después de convertirse Madrid en Capital del Reino, la Cofradía de La Pasión y la Soledad compró el corral de gallinas de Isabel Pacheco, que allí se encontraba, y montó en aquel lugar un escenario para representar obras teatrales, “El Corral de la Pacheca”, con miras a obtener dinero para los hospitales que debía sustentar. Más tarde se convertiría en el Teatro del Príncipe y hoy lo conocemos como Teatro Español. Ha llegado el momento de ir al encuentro de algunos personajes que hoy habiten el barrio y que contribuyan al Renacimiento de esta vasta escena a puerta abierta.

Me acerco a la calle del Príncipe, a una de las librerías teatrales con más solera y renombre de la capital, “La Celestina”, regentada por D.Vicente Gil, en busca de una obra de Lope de Vega “¿De cuándo acá nos vino?”, una comedia de enredo sobre un soldado de los Tercios de Flandes, que llega a la corte madrileña y enamora al mismo tiempo a una madre y una hija. 
Al salir paso junto al Teatro Español, donde se representa la obra “La función por hacer“ de Luigi Pirandello; en la esquina con calle Huertas el Palacio de los Duques de Santoña, de indescriptible belleza y que acoge una gran colección de pinturas murales; camino hacia la calle de Atocha, pasando por la que fue Imprenta de Juan Cuesta, donde se imprimiera la Edición Príncipe (primera edición impresa) de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha”, compuesta por Miguel de Cervantes Saavedra y publicada en 1605. 

Por la calle del León pasamos junto a la Academia de la Historia hacia Huertas de nuevo, una de las arterias principales del barrio, que desciende hacia el Paseo del Prado. Actualmente zona de ocio nocturno, durante el día relucen sus tiendas de antigüedades, grabados y antiguas librerías. Imposible, por una vez, de no fijar la vista en el suelo, pues incrustadas en él podemos leer frases de numerosas obras literarias. Tomamos un café en “La Maripepa”, entre Huertas y Moratín, local con solera que invita a la tertulia y a revisar de nuevo el plano del barrio. A dos pasos de allí, por el convento de las Trinitarias, donde yace Cervantes, nos volvemos a perder entre costanillas y calles en busca de la Casa Museo de Lope de Vega, que actualmente pertenece a la Comunidad de Madrid. Aquí Lope vive los últimos 25 años de su vida, en una casa que evoca la vida cotidiana del Siglo de Oro. Fotografio el estudio del escritor y Sheila Alvarez, coordinadora de las guias de la casa museo, nos va a transportar con sus palabras al Madrid del siglo XVII:
Sheila, ¿Cómo describirías esta casa?: “Mejor, que la describa el propio Lope: "...mi casilla, mi quietud, mi huertecilo y estudio". Así se refiere el autor a esta casa. Describe su jardín en unos versos: "Que mi jardín, más breve que cometa, / tiene sólo dos árboles, diez flores, / dos parras, un naranjo, una mosqueta." Son palabras que Lope escribe sobre su hogar, lugar mágico que traslada al Siglo de Oro en mitad del Barrio de las Letras del Madrid del siglo XXI”.
¿Qué adjetivos describirían mejor a Lope?: “Lope de Vega es poliédrico, trabajador incansable, apasionado hombre y fervoroso creyente; ya lo señalaron sus contemporáneos....”Monstruo de la Naturaleza”, “Fénix de los Ingenios”…
Escribió obras de teatro, poesía, prosa… ¿cuál es la temática que más le interesaba al escribir en estos géneros?: “…su poesía tiene un gran tono autobiográfico y vivencial; en muchos de sus sonetos amorosos Lope habla de las mujeres que pasan por su vida: Amarilis es Marta de Nevares, su última amante; Belisa es el anagrama de su primera esposa, Isabel de Urbina....Además, los juegos de ingenio, la mordacidad y la sátira, también están presentes en su poesía, como los versos satíricos que escribe cuando Elena Osorio lo abandona. Por otra parte, en sus obras de teatro, encontramos dramas heroicos en los que el tema del honor y la venganza tienen un papel primordial; así como comedias de costumbres y de capa y espada, temas cercanos a ese público diverso que abarrotaba los corrales, desde los más ricos hasta los más pobres, desde los más cultos hasta los indoctos, temas que buscaban entretener a ese heterogéneo público”.



Y…¿cuáles eran sus habilidades como escritor, que lo hicieran tan respetado y admirado?: “…Lope de Vega es, salvando las distancias, un visionario de los estudios de mercado: nuestro Fénix de los Ingenios acudía a las representaciones de sus obras en los corrales de comedias que había por entonces en Madrid -el Corral de la Cruz y el Corral del Príncipe- y observaba cuáles eran los elementos teatrales que más agradaban a ese público heterogéneo y diverso; rehacía y reutilizaba esos elementos en sus siguientes composiciones, de tal forma que se aseguraba dos cosas: de un lado tenía el éxito asegurado y de otro podía escribir más rápido que el resto de los autores del momento, puesto que tenía los recursos teatrales de éxito en la punta de los dedos, los manejaba con soltura.
Lope tenía como vecinos a Cervantes, Quevedo, Góngora…, ¿qué relación tenía con ellos?: “El barrio era un centro cultural, por entonces, en el que estos autores residían y también llevaban a cabo su actividad laboral, por así decirlo. El Mentidero de Representantes de la calle León agrupaba a toda la gente relacionada con el teatro, autores, directores de compañías o actores, el infojobs del Siglo de Oro. Cervantes vivió en la misma calle que Lope, la calle de Francos, aunque es sabido que su relación no era ni buena ni estrecha. Por otra parte, Quevedo y Góngora también eran vecinos de nuestro Fénix de los Ingenios, aunque con Quevedo guardaba mejor relación que con Góngora, tal vez por sus posiciones más próximas, en lo que a poesía se refiere”.
¿Alguna anécdota que resaltar de su vida y obra?: “¿Sólo una?...Bien, como muestra de ese genio privilegiado, su primer biógrafo, Pérez Montalbán, señala en la Fama Póstuma, primera biografía de Lope de Vega, que el autor era capaz de escribir y leer en latín desde los cinco años, tal vez por la formación jesuita que recibió a pesar de sus orígenes humildes”.
Y para terminar, y hablando de huéspedes… cuéntanos la historia del Capitán Contreras: “Vida de este capitán es la autobiografía reeditada por la editorial Reino de Redonda con prólogos de Ortega y Gasset y Pérez Reverte. El capitán Alonso de Contreras permaneció nueve meses como invitado en la casa de Lope de Vega, pero el roce hace el cariño y acabaron siendo amigos. Lope de Vega se inspiró en las aventuras que el Capitán Contreras le cuenta para algunos aspectos de sus obras, como puede verse en “El rey sin reino”, una de esas obras poco conocidas del autor. Por otra parte, Contreras se contagia del Fénix de los Ingenios y nos deja su autobiografía, un documento de primera mano de cómo era la vida de un militar en aquel momento de las patentes de corso, la limpieza de sangre y las picas en Flandes”.
Después de este intenso viaje en el tiempo, volvemos al siglo XXI agradeciendo a Sheila, a su genial grupo de guías y al gabinete de prensa toda su atención. Al salir pregunto a la chica de seguridad por algún lugar donde se encuadernen libros a la antigua usanza, me indica que no conoce lugar alguno pero que a dos pasos de la casa de Lope vive Rafael Berrocal, que podría ayudarme. Sin previo aviso llamo a su puerta y me recibe muy cordialmente en su librería, oculta a los ojos del pasante en el interior del edificio. Natural de Medina del Campo (Valladolid), Rafael  se siente bibliófilo desde hace más de 40 años, y afirma leer y pensar en y sobre libros todos los días del año, que son su pasión, cosa que constato escuchándolo hablar de libros antiguos, viejos  manuscritos y de sus recientes investigaciones.
Rafael, Un pasaje de “La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón, describe un lugar “El cementerio de los libros Olvidados” de esta manera: “…En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu…” ¿Cuál es su misión, como apasionado de los libros antiguos, cuando desliza su mirada por sus páginas?:
“En primer lugar creo que el título de “cementerio de los libros olvidados”, no es nada apropiado, pues los libros en ningún caso son cadáveres por muy olvidados que estén. Mientras puedan leerse estarán vivos como el primer día que salieron de las prensas, y si esto no es posible es que han dejado de ser libros. El bibliófilo apasionado de los libros antiguos intenta descubrir la belleza del libro como objeto, el papel sobre el que está escrito, la tipografía en sus diferentes caracteres, capitulares, márgenes, composición en general, ilustraciones, grabados y clases de los mismos, iluminaciones hechas a mano, fecha de la edición, si es que no la tiene. Otras señales, como son el lugar de impresión, el nombre del impresor, si es que falta, así como los diferentes desperfectos y agresiones producidos por los diferentes insectos, humedades, etc. El estado de la encuadernación es fundamental, si es original o no, averiguar la época y la técnica empleada desde el punto de vista de su construcción y de su decoración y por último su lectura, la edición que es, los estudios que se han hecho de ella con anterioridad, etc. ¡Todo ello hace que el bibliófilo viva apasionadamente su posesión!”.
Su biblioteca personal y algo “secreta”, ¿Qué libros aloja?, ¿algún “incunable” entre ellos? (Se dice de toda edición hecha desde la invención de la imprenta hasta principios del siglo XVI):
“Afortunadamente sí tengo algún incunable, pero no es secreta, todo bibliófilo está dispuesto a compartir, como es mi caso, con otros bibliófilos o bibliógrafos y en general con todo profesional o no del libro sus “tesoros”, esto no quita para que no tenga sus pequeñas reservas que solo contará en ocasiones muy especiales. Tengo libros impresos del siglo XV al siglo XXI, me es imposible relacionar y definir en este corto espacio las materias que tiene, pues con seguridad pasan de 100, lo que sí puedo decir es que hoy todos cumplen su cometido y todos me dan satisfacciones. Sobran muy pocos, por no decir ninguno”.
Rafael, me comenta Vd. que en todos sus viajes suele acompañarle un libro… (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha). ¿Qué le atrae tanto de esta obra?:

“Para mí es la obra cumbre de la literatura española, tiene todo lo que cualquier aficionado a la lectura y a los buenos libros desea encontrar… y si algo debo de destacar es lo entretenida que es y lo amena y placentera que se hace su lectura, amén de que siempre se descubren matices nuevos que la hace en todo momento novedosa”.
Como Rafael añade al final… el libro y su entorno es su vida.
Salgo de casa de Rafael maravillado, animado por el lance que aún nos queda por vivir, y sólo tenemos unos minutos para llega allí. Me dirijo hacia la calle León esquina a la del Prado, donde se encontraba el célebre “Mentidero de Representantes”. En esta encrucijada se reunían poetas, actores y dramaturgos que escribían obras para los corrales de La Cruz y El Príncipe, se opinaba sobre las comedias en cartel, se murmuraba y se ponía precio a las obras según el prestigio de su autor.  

Entramos en el salón de actos del Ateneo, a dos pasos de aquél histórico lugar, pasando frente a la galería de cuadros. La compañía “La Irremediable” representa “Duelo de esgrima y palabras”, retazos de obras como El Alcalde de Zalamea, D. Juan Tenorio, Alatriste, El Buscón y un Homenaje a Larra. Jesús Esperanza es el Maestro de Esgrima de esta obra, 7 veces Campeón de España de florete y actual entrenador del Equipo Nacional de florete masculino. Innumerables actores y actrices han sido entrenados por él, José Coronado, Viggo Mortensen… Al piano, y en directo, Josué Bonnin de Góngora.


En uno de los lances, se bate Don Diego Alatriste que, como lo describe Arturo Pérez Reverte, “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”.. Y quién mejor para describir la escena y dar un bello toque final a este reportaje, que el actor que lo encarna… Jesús Esperanza, a quien pido que la narre con sus palabras, para todos vosotros: Espectacular Duelo el de Alatriste y Quevedo contra cuatro Bravos en "Duelo de Esgrima y Palabras". Alatriste con espada y daga se enfrenta en un primer envite a los cuatro bravos. Acción rápida, concisa, espectacular. Después aparece Quevedo para echarle una mano, y se dividen los bravos en grupos de dos. Las acciones se desarrollan en paralelo y al mismo tiempo, dando una sensación de realismo impresionante. No se suelen ver estos lances esgrimísticos en nuestro Teatro; realista, peligroso a los ojos del espectador, espectacular, son los adjetivos que se me ocurren. Ya va siendo hora que en la escena española se vean estas escenas, tenemos Textos (Calderón, Lope, Quevedo), tenemos Maestros que saben su trabajo, tenemos Actores y Actrices preparados, ¡Adelante, NO QUEDA SINO BATIRSE!”.


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